
Concreto cubierto de musgo: la innovación que busca reverdecer las ciudades
El concreto bioreceptivo permite cultivar musgo en fachadas y abre nuevas posibilidades para integrar vegetación en edificios y ciudades.
Las fachadas de los edificios podrían convertirse en superficies vivas capaces de albergar vegetación sin necesidad de instalar jardines verticales convencionales. El concreto bioreceptivo, diseñado para favorecer el crecimiento del musgo, es una innovación arquitectónica que busca integrar la naturaleza en entornos urbanos, aprovechar superficies ya construidas y contribuir a la adaptación de las ciudades frente al calor y la contaminación.
Una de las propuestas es Mosscrete, desarrollada por la empresa neerlandesa Respyre. Su tecnología modifica las propiedades de la superficie del concreto para facilitar la colonización del musgo, con aplicaciones tanto en construcciones nuevas como en proyectos de rehabilitación. El objetivo es convertir muros y otras estructuras en superficies verdes que requieren menos infraestructura que los sistemas tradicionales de vegetación vertical.
Cómo funciona el concreto que permite crecer al musgo
A diferencia de una fachada vegetal convencional, que suele incorporar macetas, sustratos, estructuras de soporte o sistemas de riego, el concreto bioreceptivo busca que el musgo crezca directamente sobre una superficie preparada para ello. Para conseguirlo, se ajustan características como la porosidad, la textura y la alcalinidad del material, de modo que resulte más favorable para el desarrollo de estos organismos.
En el caso de Mosscrete, la empresa explica que el musgo puede desarrollarse aprovechando la humedad ambiental y el agua de lluvia, sin necesidad de una capa tradicional de tierra. El establecimiento de la vegetación depende, no obstante, de las condiciones climáticas, la exposición solar y la disponibilidad de humedad. Por ello, no todas las fachadas ofrecen las mismas condiciones para mantener una cobertura vegetal duradera.
Beneficios ambientales: menos ruido y nuevas superficies verdes
El musgo sobre concreto bioreceptivo puede contribuir a mejorar algunas condiciones ambientales de las ciudades. Una investigación publicada en 2025 en la revista Building and Environment, con participación de investigadores de la Universidad Técnica de Delft, encontró que las superficies cubiertas de musgo absorbían más sonido que el concreto desnudo en casi todas las condiciones evaluadas. El efecto dependía de la especie y de su estado de hidratación.
También existe potencial para favorecer la biodiversidad urbana y capturar partículas presentes en el aire. Sin embargo, estos beneficios dependen de la extensión de las superficies, las especies utilizadas y las condiciones locales; todavía se necesita más evidencia para cuantificar su impacto a escala de ciudad. Una revisión científica de la Universidad Técnica de Delft identifica precisamente la durabilidad de la vegetación y la medición de sus servicios ambientales como desafíos para su adopción generalizada.
¿Puede el musgo reducir el calor urbano?
La capacidad de estas fachadas para moderar la temperatura requiere una evaluación cuidadosa. Un estudio publicado en junio de 2026 en Science of the Total Environment encontró que el musgo hidratado puede producir enfriamiento por evaporación durante algunas horas. No obstante, bajo radiación solar directa, las superficies con musgo también registraron temperaturas superiores a las del mortero desnudo, aunque la capa vegetal redujo el flujo de calor hacia el material subyacente.
Estos resultados muestran que el desempeño térmico depende de la humedad, la exposición al sol y el clima. Por ello, el concreto bioreceptivo no debe considerarse una solución universal contra las islas de calor, sino una alternativa que puede complementar otras medidas de infraestructura verde, como los árboles, los jardines verticales y los techos vegetados.
Los retos para llevar esta innovación a más edificios
Aunque el musgo puede desarrollarse con poca infraestructura adicional, la tecnología todavía enfrenta desafíos de implementación. Entre ellos se encuentran mantener la cobertura vegetal a largo plazo, seleccionar especies adecuadas para cada entorno, evaluar la durabilidad de los materiales y determinar los costos de instalación y mantenimiento.
La investigación también debe considerar el comportamiento de las fachadas en diferentes climas. Una solución que funciona en un ambiente húmedo puede requerir ajustes en regiones más cálidas y secas. Además, cualquier intervención sobre edificios existentes debe evaluar la compatibilidad del recubrimiento con la estructura y el sistema constructivo.
El concreto bioreceptivo abre una nueva vía para integrar procesos naturales en la arquitectura urbana. Su potencial no reside únicamente en cambiar la apariencia gris de los edificios, sino en convertir superficies convencionales en infraestructura con funciones ambientales adicionales. Su adopción a gran escala dependerá de que los beneficios ecológicos, el rendimiento técnico y los costos puedan demostrarse en proyectos reales.









