
Qué son los químicos permanentes y cómo afectan al ambiente y la salud
Los PFAS resisten la degradación y pueden permanecer durante años en el ambiente y acumularse en el organismo.
Las sustancias químicas permanentes, conocidas como PFAS, son una amplia familia de compuestos sintéticos utilizados durante décadas por su capacidad para resistir el agua, el calor, la grasa y las manchas. Estas propiedades explican su presencia en productos tan diversos como textiles impermeables, alfombras, algunos cosméticos, envases, equipos industriales y determinadas aplicaciones médicas.
El problema ambiental surge de la elevada persistencia de muchos de estos compuestos. A diferencia de otras sustancias que pueden degradarse relativamente rápido, algunos PFAS permanecen durante largos periodos en el ambiente y pueden desplazarse a través del agua y el suelo. Por ello, una contaminación localizada puede extenderse a otras áreas y llegar a fuentes utilizadas para consumo humano.
¿Cómo llegan al organismo?
La exposición humana puede producirse principalmente mediante agua potable y alimentos contaminados, aunque también puede ocurrir por contacto con determinados productos que contienen estos compuestos. Una vez que ingresan al organismo, algunos PFAS pueden permanecer durante periodos prolongados y acumularse en el cuerpo.
La preocupación sanitaria se debe a que diferentes estudios epidemiológicos y toxicológicos han encontrado asociaciones entre determinados PFAS y efectos como modificaciones en los niveles de colesterol, alteraciones de la respuesta inmunitaria, cambios en la función tiroidea y algunos efectos sobre el desarrollo. Para ciertos compuestos, también existe evidencia que los relaciona con determinados tipos de cáncer. Los efectos dependen del compuesto, la concentración, la duración de la exposición y otros factores.
Un contaminante difícil de eliminar
La contaminación por PFAS representa además un desafío para los sistemas de tratamiento. Existen tecnologías capaces de retirar estos compuestos del agua, entre ellas determinados procesos de filtración y tratamientos especializados, pero eliminar una sustancia del agua no necesariamente significa destruirla: los residuos concentrados deben gestionarse posteriormente para evitar que vuelvan al ambiente.
Esta característica ha convertido a los PFAS en un problema de alcance ambiental, porque controlar la contaminación requiere actuar en diferentes etapas: reducir las emisiones industriales, vigilar las fuentes de agua, identificar productos que contienen estos compuestos y desarrollar alternativas que no generen contaminantes persistentes.
¿Cómo reducir la exposición?
La prevención depende en buena medida de las medidas adoptadas por gobiernos, industrias y sistemas de abastecimiento de agua. Para las personas, conocer la calidad del agua de consumo en su localidad puede ser una primera medida cuando existe información oficial sobre contaminación por sustancias químicas permanentes. En determinadas circunstancias, los sistemas de tratamiento certificados para retirar PFAS también pueden reducir la exposición, aunque su eficacia depende de la tecnología utilizada y de los compuestos presentes.
El desafío es especialmente complejo porque existen miles de sustancias pertenecientes a esta familia y no todas cuentan con el mismo nivel de evidencia científica o regulación. Por ello, investigadores y organismos ambientales estudian cómo establecer controles que reduzcan la contaminación desde su origen y eviten sustituir PFAS conocidos por otros compuestos persistentes con riesgos todavía poco estudiados.










