
Crisis en el Mar de China Meridional: la presión pesquera agrava el conflicto geopolítico
La sobreexplotación pesquera china y las disputas territoriales ponen en jaque la ecología y la estabilidad de la región
El Mar de China Meridional, antes una de las zonas más ricas en biodiversidad marina, enfrenta una crisis ambiental sin precedentes a raíz de la explotación industrial y el debilitamiento de los mecanismos de control. Según Marine Policy Journal, desde 1950 la captura pesquera en la región ha caído más del 70 %, mientras que hasta un 90% de las especies comerciales se encuentran sobreexplotadas.
La flota pesquera subsidiada por China, en ocasiones acompañada por milicias marítimas, ha llevado al ecosistema al borde del colapso. Este escenario, además de amenazar la seguridad alimentaria, eleva la tensión geopolítica en un área clave para el comercio y la seguridad marítima internacional.
Con la disminución de los recursos en sus aguas, embarcaciones chinas han incursionado en zonas económicas exclusivas de países vecinos como Vietnam, Filipinas, Malasia e Indonesia. Estas incursiones, frecuentemente respaldadas por guardacostas o navíos militares, difuminan los límites entre actividad civil y despliegue estratégico. En agosto de 2025, patrullas conjuntas de la Guardia Costera china y unidades militares en el arrecife de Scarborough intensificaron el conflicto con Filipinas.
El impacto humano es severo. El 34 % de la pesca mundial proviene de aguas asiáticas, pero más de la mitad de los barcos pesqueros globales operan en el Mar de China Meridional. Los pescadores tradicionales, que dependen de capturas sostenibles, son desplazados por flotas industriales que operan todo el año, en muchos casos de manera ilegal.
Las llamadas tácticas de “zona gris” —uso de barcos civiles respaldados por fuerzas de seguridad— han permitido a Pekín reforzar sus reclamos territoriales sin llegar a un enfrentamiento militar abierto. Sin embargo, esta estrategia ha intensificado las críticas internacionales y consolidado la percepción de China como potencia marítima coercitiva.
Algunos países de la región han respondido con medidas de conservación estratégica. Vietnam anunció la creación de 27 nuevas Zonas de Protección Marítima dentro de su plan marino hacia 2030, con el doble propósito de preservar la biodiversidad y reforzar su posición en aguas disputadas. China, por su parte, aplica moratorias anuales de pesca, aunque observadores internacionales señalan que se ejecutan de forma selectiva para reforzar sus reclamos soberanos.
La comunidad internacional enfrenta un dilema: restaurar los ecosistemas marinos y garantizar la seguridad alimentaria requiere cooperación, pero las acciones unilaterales de China y su resistencia a acatar fallos de la Convención de las Naciones Unidas sobre la Ley del Mar (UNCLOS) obstaculizan los avances multilaterales.
El futuro de la región dependerá de si se logra priorizar la sostenibilidad sobre la extracción intensiva. Para China, la elección es clara: mantener un modelo extractivo de corto plazo, con riesgo de colapso ecológico y aislamiento diplomático, o asumir un rol de liderazgo responsable en la gestión de los océanos.









