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El Niño 2026 gana fuerza: aumenta el riesgo de sequías e inundaciones en América Latina

Los pronósticos climáticos elevan al 80% la probabilidad de que El Niño se desarrolle antes de agosto y genere impactos en la región.

El Niño 2026 gana fuerza: aumenta el riesgo de sequías e inundaciones en América Latina
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Las señales climáticas observadas en el océano Pacífico tropical apuntan a una alta probabilidad de que el fenómeno de El Niño se desarrolle durante los próximos meses. Los modelos internacionales coinciden en que las condiciones necesarias para su formación ya están tomando fuerza y podrían consolidarse antes de agosto.

La advertencia fue respaldada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que estima una probabilidad del 80% de que el fenómeno se establezca entre junio y agosto de 2026. Además, los escenarios proyectan que podría alcanzar una intensidad al menos moderada.

 

 

Temperaturas más altas a nivel global

El Niño es un fenómeno climático natural que se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Aunque ocurre de forma periódica, sus efectos pueden alterar patrones meteorológicos en distintas regiones del planeta durante varios meses.

Entre las principales consecuencias previstas figuran temperaturas superiores a los promedios históricos en gran parte del mundo, así como una mayor probabilidad de eventos extremos relacionados con el exceso o la escasez de precipitaciones. Los especialistas advierten que estos cambios pueden traducirse en olas de calor más intensas, sequías prolongadas y lluvias torrenciales, dependiendo de la ubicación geográfica y las condiciones locales.

Cómo se forma El Niño

El fenómeno se produce cuando las aguas del Pacífico central y oriental experimentan un calentamiento sostenido que modifica la circulación atmosférica y los patrones de viento sobre el océano.

Para anticipar su llegada, los científicos monitorean variables como la temperatura superficial del mar, el comportamiento de las corrientes oceánicas, los vientos alisios y los cambios en la presión atmosférica entre distintos sectores del Pacífico. La coincidencia de estos indicadores ha reforzado la expectativa de que El Niño se consolide durante el segundo semestre del año, con efectos que podrían extenderse hasta 2027.

América Latina bajo vigilancia

Los impactos previstos para América Latina no serán uniformes. En Centroamérica, el Caribe y el norte de Sudamérica se espera un escenario más seco y cálido de lo habitual, aumentando el riesgo de déficit hídrico, afectaciones agrícolas y problemas de abastecimiento de agua.

Por el contrario, algunas zonas del sur del continente podrían experimentar precipitaciones superiores a los niveles normales. Esto incrementaría la posibilidad de inundaciones, tormentas intensas y deslizamientos de tierra en áreas vulnerables. Regiones como el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y sectores del norte y noreste de Argentina figuran entre las que podrían registrar mayores acumulados de lluvia durante la evolución del fenómeno.

Los organismos meteorológicos internacionales recomiendan fortalecer los sistemas de monitoreo y planificación ante la evolución de El Niño. La información climática anticipada permite a gobiernos, productores agrícolas, empresas de energía y servicios de emergencia prepararse con mayor eficacia.

Sectores estratégicos como la agricultura, la gestión hídrica, la salud pública y la infraestructura suelen ser los más sensibles a las variaciones climáticas asociadas a este fenómeno. Aunque todavía existen incertidumbres sobre su intensidad final y duración, los especialistas coinciden en que los próximos meses serán determinantes para confirmar el alcance de un episodio que podría convertirse en uno de los principales desafíos climáticos de 2026 para América Latina.