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Fracking en México: el impacto ambiental que sigue preocupando

Comunidades de Veracruz enfrentan contaminación y riesgos asociados a una técnica de extracción que continúa generando debate ambiental.

Fracking en México: el impacto ambiental que sigue preocupando
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El fracking en México no es una práctica reciente. Aunque suele asociarse con nuevos proyectos de explotación energética, registros oficiales muestran que el fracturamiento hidráulico se ha utilizado desde hace décadas en diversas zonas del país. Uno de los casos más documentados se encuentra en Papantla, Veracruz, donde comunidades conviven con infraestructura petrolera, derrames de hidrocarburos y preocupaciones por posibles afectaciones al agua, el suelo y los ecosistemas.

¿Qué es el fracking y por qué genera preocupación?

El fracking, o fracturamiento hidráulico, consiste en inyectar grandes cantidades de agua, arena y aditivos químicos a alta presión para fracturar formaciones rocosas y facilitar la extracción de petróleo o gas. Aunque esta técnica ha permitido aumentar la producción de hidrocarburos en distintos países, también ha sido objeto de debate debido a sus posibles efectos sobre los recursos hídricos, la biodiversidad y la calidad ambiental de las comunidades cercanas.

Información documentada por organizaciones ambientales señala que Petróleos Mexicanos (Pemex) ha empleado esta técnica en el municipio de Papantla desde 1996. Para 2022, más de mil pozos del Proyecto Aceite Terciario del Golfo, ubicado entre Veracruz y Puebla, habían sido sometidos a fracturamiento hidráulico. Sin embargo, especialistas advierten que persisten vacíos de información sobre la ubicación precisa de todos los pozos donde se ha aplicado esta tecnología.

 

Los efectos ambientales en las comunidades

Habitantes de distintas localidades de Papantla reportan la presencia de derrames de chapopote, fugas de gas metano y ductos con falta de mantenimiento que han afectado terrenos agrícolas. En algunas zonas también existe preocupación por una posible contaminación de fuentes de agua cercanas a instalaciones petroleras, situación que organizaciones civiles buscan evaluar mediante monitoreos independientes de calidad del agua.

Además de los impactos asociados al fracking, comunidades denuncian que la infraestructura petrolera abandonada continúa generando riesgos ambientales. Entre los principales problemas identificados se encuentran la degradación del suelo, la pérdida de productividad agrícola, fugas en ductos y la cercanía de instalaciones energéticas a zonas habitacionales, escuelas y áreas de cultivo.

El desafío de equilibrar energía y sostenibilidad

El caso de Papantla refleja uno de los principales retos de la transición energética: encontrar un equilibrio entre la producción de hidrocarburos y la protección del medio ambiente. Diversos especialistas coinciden en que cualquier proyecto de extracción debe acompañarse de estudios ambientales rigurosos, monitoreo constante, mantenimiento de infraestructura, transparencia en la información y procesos efectivos de remediación cuando ocurren afectaciones.

De acuerdo con análisis de organizaciones como CartoCrítica, en México existen alrededor de 7.7 millones de hectáreas con potencial para la explotación de hidrocarburos no convencionales. Este panorama mantiene vigente el debate sobre el futuro del fracking, una técnica cuya implementación continúa generando cuestionamientos por sus posibles impactos ambientales y sociales en distintas regiones del país.