
La deforestación también amenaza la seguridad hídrica global advierten los científicos
Un estudio global advierte que la deforestación y la fragmentación de bosques alteran el ciclo del agua y amenazan la seguridad hídrica.
Un estudio internacional liderado por la University of British Columbia advierte que la deforestación y la fragmentación de los bosques están modificando de forma significativa la capacidad de las cuencas para almacenar y liberar agua. El hallazgo plantea riesgos para la seguridad hídrica de ecosistemas y comunidades en un contexto de creciente presión ambiental y cambio climático.
La investigación, publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, analizó información de 657 cuencas hidrográficas distribuidas en seis continentes con el objetivo de comprender cómo los cambios en la cobertura forestal influyen en la dinámica del ciclo del agua.
El principal resultado del estudio indica que la pérdida de árboles y la reorganización del paisaje forestal incrementan la presencia de “agua joven”, es decir, precipitaciones o deshielos que atraviesan rápidamente el sistema y abandonan la cuenca antes de almacenarse en suelos o acuíferos. Este fenómeno reduce la capacidad natural de los ecosistemas para retener agua, lo que puede agravar la escasez hídrica durante estaciones secas o en períodos de baja precipitación.
La deforestación acelera la circulación del agua
El trabajo científico, liderado por el investigador Ming Qiu, aporta evidencia cuantitativa sobre cómo el avance de la deforestación acelera el movimiento del agua dentro de los sistemas naturales. Según explicó Qiu, la presencia de mayores volúmenes de agua joven indica que el recurso hídrico circula con mayor velocidad a través del paisaje, reduciendo la capacidad de las cuencas para almacenar reservas que permitan sostener el suministro durante períodos prolongados.
Por el contrario, los bosques densos y conectados favorecen la retención de agua durante más tiempo, estabilizando la disponibilidad hídrica y amortiguando los efectos de variaciones climáticas. La pérdida de masa forestal se vuelve particularmente crítica en regiones donde la explotación maderera constituye un motor económico o en territorios con fuertes variaciones en los regímenes de lluvia.
En estos escenarios, la reducción del almacenamiento natural de agua aumenta la vulnerabilidad de comunidades, ecosistemas y actividades productivas frente a sequías o eventos climáticos extremos.
La distribución de los bosques también influye
A diferencia de investigaciones previas, el análisis de la University of British Columbia incorporó el estudio de la configuración espacial del bosque remanente dentro de las cuencas. Los resultados muestran que cuando la cobertura forestal cae por debajo de niveles cercanos al 40% o 50%, la manera en que se distribuyen los fragmentos de bosque adquiere un papel determinante en la dinámica del ciclo del agua.
Los bordes forestales —zonas de transición entre áreas boscosas y claros— reciben mayor radiación solar y presentan niveles de humedad más bajos, lo que genera microclimas distintos a los del interior del bosque. Estas condiciones incrementan la evapotranspiración y pueden modificar la circulación del agua dentro del sistema, afectando su capacidad de almacenamiento.
De acuerdo con el estudio, la fragmentación del paisaje forestal puede agravar o, en algunos casos, mitigar los efectos de la pérdida de cobertura arbórea dependiendo de cómo se distribuyan estos fragmentos en el territorio. El profesor Adam Wei, de la Facultad de Ciencias Irving K. Barber y coautor de la investigación, sostuvo que la planificación territorial y forestal puede desempeñar un papel clave para reducir estos impactos. “La planificación del paisaje puede ser parte de la solución”, afirmó el especialista, al señalar que las estrategias de manejo forestal deben ir más allá del simple debate entre conservación o explotación.
Bosques conectados fortalecen la resiliencia hídrica
El estudio también señala que en regiones donde la cobertura forestal se mantiene alta y los bosques permanecen densos y conectados, la influencia de la distribución espacial del bosque sobre el almacenamiento de agua se vuelve menos relevante. En estos paisajes, los microclimas son más estables y los efectos asociados a los bordes forestales resultan más limitados, lo que fortalece la resiliencia del sistema frente a perturbaciones externas.
Los investigadores identificaron que cuando la cobertura arbórea supera ciertos umbrales, los cambios microclimáticos provocados por la fragmentación pierden impacto y las cuencas mantienen su capacidad natural de regulación hídrica. El estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences plantea desafíos relevantes para la gestión ambiental en un escenario marcado por el cambio climático y la presión sobre los recursos naturales.
Los autores sostienen que las políticas de conservación y manejo forestal deben considerar no solo la cantidad de bosque existente, sino también su estructura y distribución dentro del paisaje. En regiones sometidas a explotación maderera intensiva, una fragmentación descontrolada podría debilitar la capacidad de las cuencas como sistemas naturales de almacenamiento de agua, comprometiendo el abastecimiento para poblaciones y ecosistemas.
En cambio, en territorios con alta cobertura forestal, las estrategias deberían centrarse en preservar la conectividad y densidad de los bosques para mantener la estabilidad del ciclo del agua. “Las cuencas hidrográficas funcionan como sistemas naturales de almacenamiento de agua”, explicó Qiu, quien recomendó que la planificación territorial contemple tanto la extensión como la distribución de los bosques para garantizar la seguridad hídrica a largo plazo.










