
¿Por qué los incendios forestales son cada vez más intensos?
El aumento de las temperaturas, las sequías y la acumulación de vegetación están favoreciendo incendios forestales más intensos y difíciles de controlar.
Aunque un incendio forestal suele comenzar por un rayo, un accidente con maquinaria o una acción humana, los especialistas advierten que esos factores únicamente explican el origen del fuego, no su magnitud. Lo que determina que un incendio se convierta en un megaincendio son las condiciones ambientales y el estado del paisaje, que pueden favorecer una propagación rápida y difícil de detener.
Las investigaciones desarrolladas por organismos científicos europeos coinciden en que el aumento de los incendios extremos responde a una combinación de cambio climático, acumulación de combustible vegetal y modelos de gestión forestal que incrementan la vulnerabilidad de los ecosistemas. Cuando estos factores coinciden con altas temperaturas, baja humedad y fuertes vientos, el riesgo de incendios de gran escala aumenta de forma considerable.
Tres factores explican la intensidad del fuego
Los expertos identifican tres elementos fundamentales para que un incendio forestal se expanda rápidamente: la cantidad de vegetación disponible para arder, el nivel de sequedad de esa vegetación y las condiciones meteorológicas presentes durante el incendio. Si los tres factores alcanzan niveles elevados al mismo tiempo, el comportamiento del fuego puede volverse extremo.
El calentamiento global está haciendo que estos escenarios sean más frecuentes. A medida que aumenta la temperatura del planeta, la atmósfera puede retener más vapor de agua, favoreciendo lluvias intensas que impulsan el crecimiento de la vegetación. Sin embargo, posteriormente llegan periodos de calor y sequía que secan rápidamente esa biomasa, transformándola en combustible altamente inflamable.
El "latigazo hidroclimático" aumenta el riesgo
Uno de los fenómenos que más preocupa a la comunidad científica es el denominado latigazo hidroclimático, caracterizado por cambios bruscos entre periodos muy húmedos y etapas extremadamente secas. Esta alternancia favorece primero el crecimiento de plantas y posteriormente su desecación, creando grandes cantidades de material combustible en los bosques.
Además del impacto sobre los ecosistemas, los incendios forestales contribuyen al cambio climático. De acuerdo con datos de la Unión Europea, los grandes incendios liberan millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂), reforzando un ciclo en el que el calentamiento global incrementa el riesgo de incendios y estos, a su vez, generan más emisiones de gases de efecto invernadero.
Cómo reducir el riesgo de incendios forestales
Los especialistas coinciden en que la prevención debe comenzar mucho antes de la temporada de incendios. Estas son algunas de las principales medidas recomendadas por la investigación científica:
1. Reducir las emisiones que impulsan el cambio climático
Disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero ayuda a limitar el aumento de las temperaturas y la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, considerados uno de los principales factores detrás del incremento de los incendios de gran magnitud.
2. Apostar por bosques con mayor diversidad de especies
Los bosques mixtos suelen ser más resistentes a la sequía, las plagas y los incendios que los monocultivos. La combinación de diferentes especies mejora la resiliencia del ecosistema y dificulta la propagación rápida de las llamas.
3. Manejar la vegetación para disminuir el combustible
La eliminación de madera muerta, hojarasca y maleza, junto con la poda de ramas bajas y la creación de espacios entre árboles, reduce la continuidad del combustible y limita el avance del fuego. En algunos casos, las quemas controladas también forman parte de las estrategias preventivas.
4. Favorecer especies más resistentes al fuego
Diversos estudios indican que árboles de hoja ancha, como robles, hayas o arces, suelen conservar mayor humedad que muchas coníferas. Simulaciones realizadas tras los incendios ocurridos en Portugal en 2017 mostraron que los bosques de frondosas pueden reducir significativamente la intensidad de las llamas en comparación con masas dominadas por pinos y eucaliptos.










