
Pesticidas en América Latina: el costo invisible de la agricultura intensiva
El uso de pesticidas protege cultivos, pero también deja una huella en la salud, el agua, el suelo y la biodiversidad de América Latina.
Los pesticidas en América Latina forman parte de un modelo agrícola que ha permitido proteger cultivos y sostener altos niveles de producción, pero también ha generado una creciente preocupación ambiental y sanitaria. Un análisis de datos de la FAO sobre 17 países latinoamericanos identificó a Brasil como el mayor usuario, seguido por Argentina, mientras Colombia y México también se ubicaron entre los países con mayor aplicación. La organización señala además que los pesticidas pueden contaminar suelo y agua y afectar organismos que no son su objetivo.
Una región con un problema difícil de medir
La magnitud real del impacto sigue siendo difícil de establecer. Una revisión científica sobre pesticidas en suelo, agua subterránea y alimentos de América Latina advierte que existen importantes carencias de información sobre la presencia de estas sustancias en el ambiente y en las personas. Esa falta de monitoreo dificulta conocer la dimensión completa de una contaminación que puede extenderse más allá de las zonas donde se aplican los productos.
La presión sobre los ecosistemas también está relacionada con el crecimiento global del uso de estos productos. Según la FAO, en 2023 se utilizaron 3,73 millones de toneladas de ingredientes activos de pesticidas en la agricultura mundial, el doble que en 1990. Ese mismo año, las Américas importaron 1,97 millones de toneladas de productos formulados, la mayor cantidad entre las regiones importadoras.
El impacto comienza en el campo
Los trabajadores agrícolas se encuentran entre las personas con mayor exposición, especialmente durante la preparación, mezcla y aplicación de pesticidas. Una revisión de estudios sobre América Latina y el Caribe encontró 233 investigaciones epidemiológicas publicadas entre 2007 y 2021 en 16 países; el 45% se concentró en trabajadores agrícolas y el 21% en niños. Los estudios analizaron posibles efectos genotóxicos, neurológicos, reproductivos, hormonales y sobre el desarrollo infantil, entre otros.
México ofrece una muestra de la dimensión del problema. Una investigación sobre intoxicaciones agudas entre 2000 y 2021 señala que los registros oficiales reportaron un promedio nacional de alrededor de 3.500 casos de intoxicación aguda por pesticidas al año entre 2000 y 2019. El mismo estudio encontró que el uso de pesticidas en México era aproximadamente dos veces superior al promedio mundial, de acuerdo con los datos de referencia que analizó.
Agua, suelo y biodiversidad bajo presión
La contaminación no termina cuando desaparece el producto de un cultivo. Los pesticidas pueden desplazarse hacia el suelo y los cuerpos de agua y afectar organismos que no eran el objetivo de su aplicación. Una revisión publicada en 2025 sobre contaminación de suelo y agua en América Latina y el Caribe encontró concentraciones de pesticidas y metales de entre 0,0047 y 2.110 microgramos por litro en los sistemas acuáticos estudiados, aunque la propia investigación advierte que la evidencia disponible presenta importantes vacíos geográficos.
En Perú, un estudio publicado en 2026 analizó 86 muestras de hojas de cultivos, suelo y agua procedentes de cuatro agroecosistemas de la costa y los Andes y buscó 92 compuestos de pesticidas mediante técnicas de laboratorio. El trabajo refleja la complejidad del problema: la contaminación puede estudiarse simultáneamente en distintos componentes del ecosistema y bajo condiciones agrícolas y climáticas diferentes.
El desafío, por tanto, no consiste simplemente en eliminar una herramienta agrícola, sino en reducir los riesgos asociados a su uso y avanzar hacia sistemas que dependan menos de sustancias de alta peligrosidad. La OMS señala que las exposiciones elevadas pueden provocar intoxicaciones agudas y que una exposición prolongada puede relacionarse con efectos como cáncer y alteraciones reproductivas; además, considera especialmente vulnerables a las personas que trabajan directamente con estos productos.










